Extracto: Aventura de dragones

―Ugh.

―Blarg.

―Pbtth.

―Frrpth.

―Ya está bien, chicos. ―El tío Willy tenía el ceño muy marcado por el disgusto. Rios cerró la boca, a punto de soltar otro pedo, y vio a Aqua hacer lo mismo a su lado. Se dio cuenta entonces de que la larga mesa estaba en silencio y que todos los miraban a Aqua y a él. El tío Dane, con su brillante cabello rubio, era fácil de reconocer, sentado a la mesa un poco más allá; contenía una sonrisa, pero el resto de la mesa no parecía tan feliz.

―William, por favor. Esta reunión es importante; manda a los niños a otro lado ―dijo Ming bruscamente. Era la pequeña mujer asiática que controlaba todo el oeste de Sierra Nevada y de las montañas Cascade. Toda la mesa estaba llena de líderes de territorio, y el tío Willy les había explicado quién era cada uno y el territorio que controlaba antes de llegar a la Conferencia de Líderes de Territorio de Norteamérica, que se celebraba cada diez años. La última se había celebrado en México, y las siguientes dos o tres serían en los Estados Unidos antes de volver al primer país. El tío Willy controlaba Canadá, y siempre se encargaba de organizar la siguiente conferencia a la de México.

El tío había sido muy serio con ellos en cuanto a la conferencia. Les había enseñado cuáles eran sus deberes como líder, y quería que se sentaran en silencio con él para poder escuchar y aprender. ¡Pero era muy aburrido!

Rios abrió la boca para explicar lo aburrido que estaba, pero el tío Willy frunció el ceño todavía más y acabó cerrando la boca otra vez. El tío era el cuidador de Aqua y de él; los había encontrado haciendo travesuras en un río y los había adoptado en lugar de castigarlos. Vivir con el tío Willy era divertido. Jugaba con ellos y les enseñaba magia y, aunque tenían que hacer tareas, era mucho mejor que vivir en la naturaleza. El tío incluso había perdido mucho peso a lo largo de los años para poder ir a nadar con ellos; no era muy delgado, claro, pero ahora al menos podía seguirles el ritmo. Pero entonces les había dicho que tener quince años significaba que ya podían cargar con un poco de responsabilidad y, bueno, si la responsabilidad significaba estar sentado en reuniones aburridas mientras otras personas hablaban de tonterías, entonces la responsabilidad era un asco.

Tanto Aqua como él odiaban el aburrimiento, y el tío Willy lo sabía. Rios esperaba que su puchero le explicara al tío su razonamiento.

―Adelante, marchaos ―dijo éste el fin, soltando un suspiro. Rios evitó soltar una exclamación de júbilo mientras bajaba de su asiento de un salto y salía a toda prisa de allí con Aqua. Tardaron diez minutos en darse cuenta de que tampoco había nada que hacer fuera de la reunión.

―Níquel debería haber venido ―gruñó Aqua contra la almohada en la que había escondido la cara. Tenía el pelo azul extendido a su alrededor como si fuera una ola.

Debería haberlo hecho; Rios no podía estar más de acuerdo. Níquel era genial. Era un dragón de agua mayor que ellos, de unos veintidós años, y Aqua y él llevaban jugando con él diez de ellos. Les había enseñado mucho acerca de la magia que tenían en común, y se alegraba de verles cada vez que conseguían convencer al tío Willy para ir de visita. Pero los últimos cuatro años de amistad no habían sido tan divertidos: Níquel tenía un nuevo compañero de juegos, un dragón de viento de nombre Platino, y en lugar de ir a la reunión de líderes con Dane como debería haber hecho, se había quedado en casa jugando con su nuevo amigo. No era justo.

Aqua se puso de lado para no tener la cara aplastada en el cojín. Gruñó en voz baja y soltó un gran suspiro. Los dos eran hermanos, y que habían eclosionado de la misma nidada era obvio en la forma de la frente y en las barbillas redondeadas. La nariz de Aqua era un poco más larga que la de Rios, sus ojos un poco más anchos, y era como diez centímetros más alto, pero eran claramente hermanos. De pequeños no habían estado muy seguros, y los habían confundido con gemelos más veces de las que Rios podía contar. De crías, cubiertas con escamas idénticas de color azul y con el mismo color de pelo, nadie había podido distinguirlos; las diferencias se habían vuelto aparentes al crecer, pero ambos estaban aburridos y se sentían abandonados por Níquel, y en aquel momento pensaban exactamente lo mismo.

―Deberíamos ir a decirle a Níquel lo tristes que estamos de que no haya podido venir ―se quejó Rios, sabiendo que pronunciaba en voz alta también los pensamientos de Aqua.

―Por teléfono no ―gruñó éste inmediatamente. El nuevo número la casa que Níquel compartía ahora con Platino estaba escrito en una libretita que tenían en la cocina, junto al teléfono, pero una llamada no transmitiría lo tristes que estaban con él. Tenía que ser en persona.

―El tío Willy no nos llevará en medio de una reunión ―caviló Rios en voz alta―, y el tío Dane no volverá a casa hasta que acabe, así que no podemos ir con él.

―Pues tendremos que viajar nosotros solos ―dijo Aqua, insistente.

Eso tenía sentido. No estaban muy lejos del territorio de Dane, o al menos eso creía Rios. El tío Willy tenía casas grandes por toda Canadá. No había querido usar la casa principal ―en la que vivían casi todo el tiempo― para la reunión, así que los había traído a todos a su casa de Ontario.

―¿No tenía el tío Willy un mapa en la pared de su oficina? ―preguntó. No pasaban nunca demasiado tiempo en Ontario, pero se habían asegurado de explorar toda la casa con esmero.

Salieron corriendo del salón con impaciencia, subieron las escaleras y pasaron por el pasillo hacia la oficina. Ya que el tío Willy estaba abajo en la reunión, no llamaron a la puerta; Aqua abrió de un golpe y entraron.

No fue difícil encontrar el mapa en la pared. Sólo era de 150x150cm, y Rios pudo coger el marco de madera sin dificultad y quitarlo del gancho. Algunas líneas eran algo diferentes a las que Rios creía recordar, pero sin duda era un mapa de Norteamérica. Aunque sólo la porción derecha de EE.UU tenía las líneas que indicaban los Estados: el resto del mapa estaba casi en blanco. Estaba claro que era raro, pero podían ver dónde se encontraba la casa del tío Willy dentro de Canadá y la casa del tío Dane en Massachusetts.

―¡Mira, hay un río! ―Aqua bajó el dedo por el gran lago que Rios sabía que se llamaba como un gran pájaro. No creía que fuera lago Gaviota… puede que empezase con H, aunque no era halcón. El gran lago conectaba con otro lago más pequeño a través de un río, que a su vez conectaba a un tercero cerca de donde vivía Dane.

Caminar parecía mucho más rápido y más directo, pero eran dragones de agua y podían viajar por lagos y ríos a una velocidad mayor. En cuanto llegaran al último gran lago, podrían encontrar ríos más pequeños para llegar a la casa de Níquel.

Aqua extendió los dedos sobre la distancia que había del tercer lago a Massachusetts y sonrió a Rios.

―Sólo es de unos centímetros. Con nuestra magia de agua podremos llegar en unas horas.

Algo no parecía ser del todo correcto… ¿no tenían que medir la distancia con una regla o algo así? Pero parecía demasiado divertido como para no hacerlo. Rios le echó un vistazo al reloj, que marcaba las once de la mañana.

―Vamos a guardar algo para almorzar ―respondió con otra sonrisa.

Buy the book!