Extracto: Remedio herbal

Jordan abrió la puerta, molesto de que Jayden hubiese perdido u olvidado de nuevo, claramente, su llave… y deseó cerrarla de golpe de un portazo al ver la cara de su hermano.

—Dilo de una vez.

—¿Qué demonios te ha pasado en el pelo?

Incapaz de soportar el tener que repetir la historia y sintiéndose estúpido y feo, Jordan entró a zancadas en la cocina, pasándose la mano por el pelo suave y rapado que era todo lo que le quedaba de cabello. Todavía sentía ganas de llorar, lo cual era estúpido, porque era sólo pelo, pero aun así las sentía. En la cocina recogió el cigarrillo que había estado a punto de encender cuando había oído como llamaban a la puerta. Lo encendió, dejando que el aroma y el sabor de la hierba de hada y la menta le tranquilizasen. Que le dieran al café, viva la hierba de hada.

Dejó escapar un suspiro cuando Jayden se coló en la cocina.

—En serio, ¿qué le ha pasado a tu pelo?

—¿Qué le ha pasado a tu cerebro? ¿Cómo es que has vuelto a olvidarte las llaves?

—Deja de evitar la pregunta.

Tomó una calada de su cigarrillo, inspirando profundamente el humo, cerrando los ojos y disfrutando del modo en que le calentaba la sangre y abría su magia, la manera en que suavizaba las aristas de su mal humor.

—Ha sido la señora Harley —dijo, abriendo finalmente los ojos—. Estaba en su casa renovando las protecciones contra los insectos y recogiendo algo de cilantro fresco y esas cosas. Quería que echase un vistazo a una mezcla apestosa que tenía hirviendo en un caldero, ¡un caldero, te lo juro!, sólo que en lugar de tenderme la jarra para que la oliera, ha tropezado o algo y he terminado llevándola de ropa. Una poción sanadora, la ha llamado. ¿Te parece a ti que mi pelo está curado?

—Shh —dijo Jayden, cogiéndole con firmeza por el bíceps—. Esa mujer está loca. Alguien debería coger su “libro de hechizos” y quemarlo.

—Era asqueroso —dijo Jordan, sorbiendo por la nariz—. Estaba casi demasiado caliente, y olía a hierbas podridas y a carne. Era denso, oleoso y pegajoso, y he intentado quitármelo, pero al final… —Tragó saliva y apartó a Jayden de un empujón para poder tomar otra calada.

Jayden frunció el ceño.

—¿Quieres que le prenda fuego? No necesito magia para hacerlo, sólo gasolina y cerillas.

Jordan consiguió reír.

—No es nada bonito el prender fuego a la gente, especialmente a ancianas que realmente no querían hacer daño. Es sólo pelo; volverá a crecer. —Se pasó los dedos por el estúpido rapado, sobrecogido, confuso y entristecido de que no hubiese nada allí. Siempre era una sorpresa, aunque había hecho aquel gesto un centenar de veces desde que se lo había cortado la noche anterior. Por alguna razón seguía esperando que sus rastas volviesen, sentir su peso, enrollárselas en los dedos cuando estaba nervioso.

Gruñó cuando Jayden le dio un abrazo, y lo apartó de un empujón.

—Quita, hueles a tu novio.

Jayden sonrió con suficiencia.

—Y tú…

—Si terminas esa frase, acabaré con tu vida.

—Sí, sí —dijo Jayden—. ¿Qué haces despierto? Si estuviste reponiendo el stock debes de haber estado en pie hasta como las seis de la mañana preparando y almacenándolo todo.

—Una entrevista de trabajo —admitió Jordan, tomando otra calada, nervioso de nuevo.

—¿Qué? ¿Míster me gusta trabajar en el sospechoso cobertizo de la parte de atrás va a tener un empleo? ¿Dónde?

Jordan se inclinó sobre la mesa y recogió el montón de papeles que había encima, algunos de los cuales había reunido mientras que otros se los habían enviado cuando había presentado la solicitud.

—En ningún sitio que pueda interesarte. Se llama Cumberly&Pass…

Dejó de hablar cuando Jayden cogió los papeles y se echó a reír al instante.

—¿Vas a ser abogado o algo?

Jordan le quitó los papeles de las manos, sosteniéndolos contra el pecho.

—¡No es una firma de abogados! ¡Cumberly&Pass es una de las mejores firmas de magia del estado, de toda la costa este, de hecho, y nunca ofertan sus puestos de trabajo de manera pública! Y lo que es más importante, están contratando brujos herbales explícitamente, cosa que nunca antes han hecho. Es una oportunidad entre un millón. ¿Sabes lo que podría hacer esto por mi magia, por mi reputación? Es… —Se detuvo cuando vio la expresión en el rostro de Jayden, aquella que decía que se alegraba por él y que se estaba esforzando por apreciar los detalles, pero nunca había estado demasiado puesto en la magia. Él era feliz trasteando con pequeños hechizos y amuletos para su propio uso, ayudando en ocasiones a Jordan cuando éste estaba abrumado—. No importa, es genial.

—Estoy seguro. Es sólo que todavía estoy atónito de que abandones tu comportamientos ermitaño…

—¡No soy un ermitaño! Sólo porque no socializo a muerte como tú… —Se detuvo cuando Jayden sonrió de oreja a oreja—. Márchate antes de que vaya a ver si queda algo de esa poción sanadora para tirártela en la cabeza.

Jayden rió, se acercó para darle un abrazo rápido y a continuación salió de su cocina desteñida y abarrotada, cruzando el pasillo lleno de crujidos hasta su dormitorio.

Jordan se terminó el cigarrillo con un suspiro, apagando la colilla en el cenicero y tirándola a la basura. Se dirigió al pasillo para ir a su propia habitación, justo en frente de la de Jayden, y se quitó la ropa mientras entraba al baño. Abrió el agua en la ducha y esperó a que se calentase, mirando fijamente en el espejo su cabeza rapada con tristeza, pasándose los dedos por los tatuajes y por los anillos de los pezones.

Cuando el agua estuvo tan caliente como iba a llegar a estar, se metió dentro y empezó a limpiarse usando su jabón favorito con aroma a menta y cilantro. Le hizo sentirse algo mejor, hasta el punto de que estaba casi sonriendo cuando salió de la ducha y se secó.

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